jueves, 16 de mayo de 2013
MAS VALE PREVENIR QUE LAMENTAR
(Mateo 25:1-13)
Esta parábola está en el contexto de las señales antes del fin del mundo. El Señor Jesucristo nos enseña que la expectativa sobre el reino de los cielos es similar a la actitud de las diez vírgenes. Tres enseñanzas podemos tener de esta ilustración, que nos pueden ayudar a revisar también nuestra actitud acerca de la venida del Señor. La primera, nada se puede obtener de la noche a la mañana, sin tener que hacer algún esfuerzo; la segunda, hay ciertas cosas que no se pueden prestar, son de uso personal; la tercera, la venida del Señor ocurrirá en cualquier momento, para ello no hay día y hora.
Sobre el primer asunto, podemos decir que muchas veces nosotros asumimos el reino de Dios de la misma manera que las diez vírgenes salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas son prudentes porque tuvieron la precaución de llevar sus lámparas con aceite; mientras que las otras cinco fueron insensatas al no llevar consigo aceite para sus lámparas. Hoy en día casi un 50% de personas son como estas cinco vírgenes previsoras y otro 50% se asemejan a las otras cinco vírgenes insensatas. En la vida diaria podemos comprobar que hay personas que son provisores, que tienen todo preparado, hacen cálculos a corto, mediano y largo plazo; guardan pan para mayo, como dice el refrán; viven en función a un proyecto de vida; nada sucede al azar, hay un rubro llamado “imprevistos” para afrontar cualquier emergencia. Son personas disciplinadas, metódicas en su forma de ser. Con respecto a la vida cristiana también sucede lo mismo, algunos aseguran su futuro poniéndolo en las manos del Señor y esto por la sola fe, cual lema de la Reforma. Para estas personas previsoras, nada queda para última hora. Llevan su aceite consigo para sus lámparas. Sólo ellas podrán entrar a la fiesta de bodas, mejor dicho, al reino de los cielos.
Todo lo contrario observamos con aquellas personas que todo lo dejan para el último momento. No hacen cálculos para el mañana; todo se despilfarra hoy y no se ahorra para el futuro; se espera obtener algo en forma improvisada, de la noche a la mañana, sin ningún esfuerzo personal. Con respecto a su vida cristiana, ésta depende de las circunstancias, se vive la fe como viene la vida; Dios no está en la vida cotidiana, sólo se acuerdan de él en los momentos difíciles o trágicos. Es tanta la confianza en sí mismos, que no llevan su aceite para sus lámparas. Lamentablemente no podrán ingresar a la fiesta de bodas, se quedarán fuera del reino de los cielos. ¡Cuántos se quedan postergados o pierden la oportunidad de ser una persona importante en la vida y lograr con ello un bienestar! La improvisación mata el futuro.
Con respecto al segundo asunto, podemos decir, que hay cosas que no se pueden prestar. Así como el aceite para la lámpara, hay cosas que son propias: la inteligencia, la vida, la salud, el éxito, las ilusiones, y en forma especial, la fe en Dios. Todas estas cosas son fundamentales para cada persona y tienen que forjarse por sí mismas. Nadie puede prestarme su inteligencia para ser sabio; nadie puede ser sano por mí; el éxito de otro no me sirve; las ilusiones ajenas no satisfacen las mías; la fe del justo no vale para mi salvación, ya que ésta es personal y se forja en la experiencia cotidiana con el Señor. Por lo tanto, no se puede vivir en forma eficaz con cosas prestadas.
En cuanto al tercer punto, la venida del Señor, nadie sabe el día y la hora cuando el Señor vendrá, de ahí que es muy importante estar atento a su llegada y preparados para recibirle, hay que prever el futuro, velad en todo momento. Mejor dicho, hay que vivir la vida como si el Señor viniera hoy, y no esperar el último momento para poner nuestras vidas en orden, porque podemos quedarnos afuera, así como las vírgenes insensatas.
¿Quieres poner tu vida en orden ahora? ¿Quieres entregar tu vida al Señor? ¡Hoy es el día! No dejes pasar esta gran oportunidad para mañana. ¡Prepárate ahora!.
Que el Señor bendiga a todos los que hacen su decisión de seguirle. Amén.
MARANATHA: ¡VEN, SEÑOR JESÚS!
(Apocalipsis 22:20)
El kerigma de la comunidad primitiva contenía los siguientes aspectos teológicos:
a) La resurrección de Jesús (Ro. 10:9; Lc. 24:33-34; 1 Co. 15:5)
b) La fe en Cristo (1 Co. 15:3-5; Ro. 4:25)
c) La parusía (1 Co. 16:22; Ap. 22:20)
d) la iglesia (pueblo santo de Dios)
e) El bautismo y la eucaristía (1 Co. 11: 23-25; 12:13)
Uno de esos ejes teológicos vamos a reflexionar en esta oportunidad: la parusía, es decir, la venida del Señor.
El cristianismo primitivo estaba convencido de que el Señor se encontraba cerca y que su venida era inminente. El aSeñor crucificado y resucitado aparecería en un futuro próximo de una manera visible. Ante esa situación la comunidad exclama: "Maranatha", "Ven, Señor nuestro" (1 Co. 16:22). La comunidad en su prédica misionera decía que Jesús nos salvará del juicio de la ira que viene (1 Tes. 1:10). El Señor está cerca (Fil. 4:5); Aparecerá pronto descendiendo de los cielos como salvador (Fil. 3:20). En 1 Tes. 4:15-17 la venida del Señor se describe como el Kyrios que bajará del cielo cuando se oiga una potente voz de mando, se escuche la voz del arcángel y resuene la trompeta de Dios: primero resucitarán los muertos, luego nosotros, los que quedemos vivos junto con ellos, seremos arrebatados en nubes, para recibir al Señor en el aire.
La palabra parusía procede del mundo helenístico. Palabra que designaba la llegada de un monarca o alguna persona importante y se describía esa parusía con rasgos apocalípticos. Así pues, los cristianos utilizaron esta figura apocalíptica para describir la parusía del Señor.
Ahora bien, al no concretarse la parusía esperada, se planteó el problema del retraso de la parusía. La espera se hace insostenible a medida que pasa el tiempo y entonces se empieza a dar un sin fin de excusas por la demora. También se usarán concepciones apocalípticas para explicar el enigma de por qué no ha llegado aún el fin de los tiempos.
Esta dificultad produce una tensión entre el "ya" y el "todavía no" y en esta tensión se mantiene la expectación escatológica, pero se añade que el fin no llegará en seguida, sino en un futuro un tanto lejano. De ahí que se impone el mantenerse vigilante y no dejarse seducir, porque sólo se salvará quien permanece hasta el fin.
Es bueno destacar que en los escritos del Nuevo Testamento ésta demora no creó serias inquietudes en las comunidades cristianas, ni crisis en su seno, por el contrario aumentó la esperanza en su Señor, y esto debido a que la comunidad estaba imbuida de la fe de que Cristo es ya el Señor y los suyos están unidos con él por el Espíritu.
Es por eso que la certidumbre de que el reino de Cristo actúa en el presente hace que pierda importancia la cuestión de cuándo ocurrirá el fin de las cosas, la venida del Señor. Esto no anula la esperanza centrada en el futuro, sino que le otorga su fundamento y su firmeza. El apóstol Santiago apela a la parusía (Stg. 5:7s).
Para nosotros los cristianos y cristianas de este siglo se nos plantea el problema si debemos tener la misma expectativa que los mismos cristianos del siglo primero o debemos más bien renunciar radicalmente cualquier espera de la parusía, la venida del Señor, dado que a que nos parece imposible actualizarla. Es esta tensión escatológica la que nos impele a tomar decisiones ahora: o huimos del mundo y hablamos únicamente del más allá, o vivimos el presente anunciando a Cristo que está cerca con nosotros y nos empuja a ser sus colaboradores en la construcción de su Reino, poniendo en práctica sus enseñanzas con nosotros mismos y también con nuestros prójimos, sin perder la fe y esperanza que el Señor ha de venir pronto (Mt. 24:46-51).
Estimado hermanos y hermanas, ruego al Señor que nos sorprenda cuando venga, trabajando, sirviendo, proclamándolo y siempre unidos en un mismo amor. Amén.
LLAMADOS A VIVIR EN SANTIDAD
(Mateo 5:48; Filipenses 3:12)
Esta noche nos hemos reunido para dar gracias a Dios por la vida de su siervo Juan Wesley, quien vivió una consagrada a Dios y a su prójimo. Hace trescientos años vino al mundo nuestro hermano Juan.
Como herencia hemos recibido su pensamiento teológico y su testimonio de vida. Un aspecto importante de su reflexión teológica acerca de la vida cristiana es el tema de la vida en santidad. El vivir en santidad significa iniciar un camino de perfección cristiana, después de haber sido perdonado y justificado por la fe en Jesucristo.
Cuando uno reflexiona sobre este concepto, la primera impresión que se tiene es que se está perdiendo el tiempo. Sin embargo, esta falta de reflexión seria sobre el asunto en mención es causa de muchos problemas personales y sociales. Para muchos filósofos de la Grecia antigua consideraban que hablar sobre este asunto no era pérdida de tiempo, sino por el contrario, una ganancia. Muchas de sus obras nos hablan de esa inquietud existencial. Por otro lado, los atenienses mataban a los niños recién nacidos si éstos nacían con algún defecto físico. Dos caras sobre el mismo asunto.
Los teólogos de la Iglesia han tratado este tema en sus escritos o sermones, entre ellos tenemos a Juan Wesley quien escribió un sermón acerca de la perfección cristiana (Ver Sermón N° 40 en el III volumen de las Obras de Wesley). ¿Qué es la perfección?. Se entiende por perfección, la calidad de ser íntegro, cabal, estar completo; sin falta ni deficiencia alguna. Ésta consiste en alcanzar la plena madurez para hacer lo que es bueno, agradable y perfecto (Romanos 12:2).
En la Biblia encontramos que Dios en su perfecto amor creó al ser humano perfecto (Génesis 1:26). Por lo tanto una persona es perfecta si cumple el propósito para el que Dios lo ha creado. El propósito de Dios es que el hombre y la mujer sean sus colaboradores en la Creación, que generen el bienestar de todos los hombres y mujeres. Pero estos personajes cometieron un pequeño error, consideraron que podían ser iguales a Dios. Este error les llevó a perder la condición de ser perfectos.
Muchas personas, hoy en día, se creen perfectas y que no hay ningún error o deficiencia en ellas. Creen ser los más bellos, saberlo todo y tener el poder para lograr lo que quieren. Otros recurren a una serie de artificios para lograr este fin, por ejemplo, unos recurren a la cirugía estética para corregir cualquier defecto en su físico. Otros se esfuerzan en los gimnasios por conseguir un cuerpo musculoso y aparentar un buen físico. Hoy más que nunca hay tantas otras formas de embellecer el físico. Para lograr ello se puede gastar cualquier cantidad de dinero y tiempo. No hay límite para querer ser perfecto físicamente.
Pero cuando uno les pregunta a estas personas, que se consideran perfectas, acerca de temas existenciales o trascendentales, muchas veces no hay respuestas. Físicamente son "perfectas", pero con respecto al conocimiento no lo son. La belleza física no es señal de perfección, es sólo un aspecto. La belleza integral es tanto física como espiritual. Hay muchas personas que sin ser bellas físicamente tienen en su interior una belleza espiritual. Desde su defectos han sabido luchar para salir adelante. De ellos tenemos que aprender mucho. Debemos siempre tener en cuenta que en todo proceso de perfección hay un margen de error, de ahí que nadie es tan perfecto en esta vida para ser libre de toda ignorancia.
Todo creyente en el Señor al iniciar su nueva en Cristo, empieza un nuevo camino, es decir, da lugar a un proceso nuevo de pulir su vida, de adecuarla a las nuevas exigencias de calidad de vida que demanda el evangelio; en otras palabras, es el camino a la perfección. De ahí que la vida cristiana es ese constante proceso de perfección, pero de una forma sostenida, caminando las huellas de nuestro Maestro Jesucristo. Como todo proceso, la vida cristiana no implica quedar exentos de la ignorancia o del error, de los defectos o de las tentaciones. Repetimos, la vida cristiana es un proceso de crecimiento continuo y sostenido en la fe. Creer en el Señor Jesucristo es nacer de nuevo, nos libera de todo pecado y nos hace vivir en libertad para actuar en confianza, sin temores. Esto es lo que Jesús explicó a Nicodemo. Juan Wesley experimentó este nuevo nacimiento en carne propia. Si en el caminar caemos, Él nos levantará y seguiremos hacia la meta. Salomón decía que no hay hombre que no peque (1 Reyes 8:46; 2 Crónicas 6:36); Un predicador del antiguo testamento nos dice que no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20); Finalmente el apóstol Pablo se gloriaba en sus debilidades para poder descansar en el poder de Dios (2 Corintios 12:7-10).
Todos tenemos una carrera por recorrer, pelear muchas batallas, ganar muchas victorias y crecer mucho más para recibir el premio que el Señor nos ha prometido.
Sólo aquél que está fortalecido en el Señor y que ha vencido el mal con el bien, puede afirmar que es perfecto. No se es perfecto en la vida cristiana sólo porque ya hemos sido bautizados en la fe cristiana, porque asistimos todos los domingos al culto o porque hacemos alguna obra de bien. Pensar así es un grave error. Tenemos que vivir una vida en santidad, tanto personal como social, para poder, de esa manera, agradar a Dios y a los hombres.
Para poder lograr esa perfección que el Señor nos demanda es necesario iniciar un proceso ecológico en nuestro ser: " limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1). Se trata de una nueva disciplina, la ecología de nuestro ser. Nuestro ser necesita vivir en paz, en alegría y en plenitud. Éstos son los frutos de la santidad. Las preocupaciones, las dudas, los temores, la envidia, toda situación de pecado; atentan contra esa ecología de nuestro ser, porque lo contaminan. El Evangelio es el manual para aplicar esta disciplina. El desafío del Señor es permanente: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48).
Por último, el apóstol Pablo nos aconseja tener una actitud en la vida: "olvidándonos ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndonos a lo que está delante, prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:13-14).
Que el Señor nos de fuerzas para seguir avanzando en nuestro camino hacia la perfección y que su Espíritu nos acompañe por siempre. Amén.
LOS MALVADOS NUNCA PREVALECERÁN CONTRA LA IGLESIA
(Lucas 20: 9-18)
Esta es una parábola que se ubica entre dos contextos, uno es acerca de la autoridad de Jesús y el otro es la venganza de los fariseos y escribas contra él, por haber dicho esta parábola, que consideran que es sobre ellos. En el desarrollo del relato encontramos símbolos que deben ser descifrados para poder entender esta parábola. En ella encontramos los siguientes símbolos:
a) La viña: representa a Israel.
b) Los labradores: son los gobernantes, los fariseos y escribas de Israel.
c) Los mensajeros: Los profetas que fueron despreciados, perseguidos y muertos.
d) El hijo: Es Jesús mismo.
d) El castigo: Lo que le sucederá a Israel.
La parábola tiene como enseñanza indicar cuál es la condición de las personas cuando se le encarga una tarea o misión en la Viña del Señor. De ahí que podemos señalar tres de ellas:
1. Nos habla del privilegio inmerecido.- Los labradores no hicieron ningún esfuerzo humano para establecer la viña, les fue dada. Sólo entraron en posesión de ella a solicitud del dueño, alquilándoles por algún tiempo. Con la confianza del caso, el dueño se fue por un buen tiempo, esperando que la viña dé buenos frutos a su tiempo, después de un arduo trabajo. De esa misma manera, hoy en día Jesús nos ha encargado Su Iglesia para apacentarla y cuidarla. Se espera el crecimiento y desarrollo de la misma a través de la práctica del discipulado. Somos responsables de su cuidado y desarrollo.
2. Nos habla del pecado humano.- La maldad de los labradores que muestran con los enviados del señor de la viña, manifiesta la condición de pecado en que se encontraban. Pretendían apropiarse de la viña y no darle al dueño lo que le correspondía y lo más grave aún, mataron a su hijo, que era el heredero. Se creyeron dueños para siempre de la viña. Así también, algunos pastores y líderes de la Iglesia se creen dueños absolutos de la Iglesia del Señor y echan afuera a los santos del Señor, no importándoles si el Señor viene pronto para rendir juicio sobre ellos. Cuántos casos hay de pastores y líderes que se quedan con las propiedades, con el dinero, con los títulos de propiedad y con la grey. Hoy el pecado consiste en no darle al Señor el lugar que le corresponde en la vida. Creemos que somos dueños eternos de la vida y del mundo.
3. Nos habla de la responsabilidad humana.- Durante el tiempo de ausencia del dueño de la viña, los labradores tenían la responsabilidad de cuidarla y hacer que dé frutos en abundancia. También podían hacer otras muchas cosas en ese tiempo libre, había tiempo para nuevas experiencias en el sembrío. Pero cuando llegó el tiempo de rendir cuenta de sus trabajos, no quisieron hacerlo, se llenaron de soberbia y no quisieron entregar los frutos. Esta actitud nos recuerda que Dios nos encarga una serie de tareas a realizar en la Iglesia y tarde o temprano seremos llamados a rendir cuentas de lo que se nos ha encargado. ¡Cuántas promesas cuando asumimos un cargo o responsabilidad!
También esta parábola nos habla de dos actitudes de Dios, a saber:
a) Nos habla de la paciencia de Dios.- Como se ve, el dueño no castigó a los malvados en la primera ocasión, sino que les dio otra oportunidad. Aún así, ellos no querían comprender del inmenso amor que él les tenía, al darles oportunidades más. Pensaron que nunca más vendría y que no haría ningún juicio y decidieron matar a su hijo. Esta parábola nos enseña que Dios en su infinita misericordia nos sigue dando nuevas oportunidades para hacer lo que nos corresponde, al punto que nos aguarda en el camino. Debemos recordar que Dios a pesar de su paciencia, no ha abdicado a su juicio. Él nos va a pedir cuentas de nuestros actos.
b) Nos habla del juicio de Dios.- Los labradores malvados pensaron que que podían abusar de la paciencia de su amo. Creyeron que podían burlarse de su amo. Los malvados siempre creen que Dios no ha de venir a hacer su juicio y hacen lo que ellos quieren, piensan que pueden salirse con las suyas. No consideraron del castigo de su amo. Lo perdieron todo. Perdieron la oportunidad de salvarse. Debemos tener en cuenta que Dios antes de aplicar su juicio nos da oportunidades, no nos echa de su presencia a pesar de nuestras rebeliones. Pero si rechazamos esa oportunidad Él nos hará su juicio.
Hoy esta parábola tiene las mismas enseñanzas para nuestras vidas. El Señor nos ha dado Su Iglesia para pertenecer a ella y también nos ha dado una Misión. Somos nosotros los labradores de esta Viña del Señor. ¿Qué estamos haciendo por ella? ¿Cómo estamos manejando nuestras vidas y los asuntos de la Iglesia? ¿Nos creemos dueños eternos de la Viña del Señor y hacer lo que nos da la gana? ¿Cómo daremos cuenta al Señor de la Iglesia si el viniera a pedirnos cuentas? ¿Hemos actuado como los labradores malvados de la parábola? Si es así, hay una oportunidad de cambiar, Él te llama por tu nombre. ¡Ven a Él y te perdonará! ¡Que el Señor te bendiga!
Padre Santo, perdona si muchas veces actuamos como labradores malvados en tu Viña. Ayúdanos a cuidar de Tu rebaño y no permitir que labradores malvados se apoderen de tu Grey. Amén.
"LOS FUNDAMENTOS PARA UN PROYECTO EDUCATIVO"
(Mateo 7:24-27)
Estas son las palabras finales de Jesús en su Sermón del Monte. En este discurso final hay dos aspectos a tener en cuenta: la doctrina de Jesús, basada en el amor, frente a la Torá (Ley), esta es la base doctrinal del reino de Dios; y sus enseñanzas, las cuales son teóricas y prácticas. No son meros enunciados.
Por lo que se puede ver, Jesús quiere terminar sus enseñanzas con una parábola o metáfora, desde el lado positivo. En la primera escena hay un hombre que es prudente y sabio y dos cosas materiales: la casa y la roca. Aquí Jesús asume el rol de arquitecto que sabe cuál terreno es propicio para construir. Su consejo es la construcción sobre cimientos fuertes, sólidos. A Él no le interesa el color de la fachada, el número de habitaciones o el diseño de los interiores. Le interesa los cimientos. Si éstos son fuertes harán posible que la casa construida sobreviva cualquier terremoto, tormenta o inundación y no se derrumbe. De ahí que atendiendo esta enseñanza de Jesús, ningún plan o proyecto puede ser elaborado si no se tienen los fundamentos sólidos para ejecutarlo en forma eficaz. Este aspecto es el que va a hacer la diferencia con otras casas, con otros planes o proyectos educativos.
Ahora bien, es bueno tener en cuenta que toda casa no está exenta de peligros, tormentas, terremotos o inundaciones, todo eso vendrá y azotarán la casa, pero ésta resistirá el embate y no caerá. Esto conlleva a que nosotros los cristianos no estamos exentos de enfermedades, accidentes, muertes, pérdidas de trabajo, etc. Lo mismo será para nuestros proyectos de vida o educativos, no están exentos a esa realidad, habrán errores, críticas sin fundamento, dificultades financieras, distanciamiento de la realidad circundante, pérdida de alumnos, falta de profesores idóneos, padres de familia irresponsables en el cuidado de sus hijos, confusión doctrinal, etc. Para resistir estos embates debemos estar preparados.
A todo esto, ¿qué es lo que hace que los cimientos sean fuertes?. La respuesta está en las mismas palabras de Jesús: oír y cumplir con sus enseñanzas (v. 24). ¿Es este fundamento el que sustenta nuestros proyectos de vida, aún los educativos? Estoy seguro que la respuesta es afirmativa y que la piedra fundamental son los valores y principios cristianos puestos en práctica en la vida cotidiana. No basta tener grandes y hermosos edificios para la enseñanza, ni tener una excelente plana de docentes y administrativos. Lo importante será que la filosofía de nuestros proyectos educativos sean proyectos que permitan una educación para la vida y tenga en cuenta la espiritualidad de los alumnos y de toda la comunidad educativa, para convertirlos en agentes de cambio y puedan transformar su propia realidad personal y social, tal como lo demanda nuestro Señor Jesucristo. Finalmente, hacer todo esto es llegar a ser sabio en la vida.
En una segunda instancia, Jesús nos advierte del peligro de construir nuestra casa o proyecto en la arena. Hacer esto es no ser sabio, es ser torpe, tonto. Nótese que ambos personajes se encuentran en circunstancias idénticas (lluvias devastadoras, diluvios y viento fuerte). La diferencia no se encuentra en las circunstancias de cada uno de ellos, sino en la casa (metáfora). La casa del hombre sabio sobrevive porque la construyó sobre la roca (las enseñanzas de Jesús). ¿Y la casa del hombre torpe por qué no sobrevive y cae? Sin duda porque se ha construido sobre la arena (principios y filosofías huecas, fuera de las palabras de Jesús).
Hoy en día, nuestra sociedad construye ídolos falsos (educación elitista, seguro de vida, acumulación de dinero, autosuficiencia, individualismo, etc.) y sobre ellos se edifican los proyectos de vida y aún los educativos. Dios y la fe no tienen nada que ver en la vida de las personas ni en sus ideales, menos aún en su espiritualidad. El fin de esta sociedad es la ruina total, al ser necios y no poner en práctica las enseñanzas de Jesús; porque sabiendo que estas enseñanzas son palabras de vida, se prefiere vivir alejado de ellas, se confía en las propias capacidades, generando el caos y el derrumbe de los proyectos. ¿Cuántos proyectos se asemejan a esta parábola? ¿Cuántos sobreviven a las tormentas y cuántos caen?. Será bueno, en este momento, revisar nuestros proyectos de vida y nuestros proyectos educativos luego de haber tenido este V Congreso Pedagógico de ALAIME (Asociación Latinoamericana de Instituciones Metodistas de Educación). ¿Qué es lo nuevo que se presenta en nuestro quehacer educativo? Bueno, ante todo lo que hemos reflexionado, nuestra fe y confianza en el Señor Jesús deberá mantenernos firmes en nuestros objetivos y estar listos a poner en práctica sus enseñanzas y así poder ser luz y sal del mundo. No hacerlo así, estas piedras hablarán por nosotros, tal como lo advirtió el Señor (Lucas 19:40). Amén.
LOS DOS CAMINOS
(Lucas 13: 22-30)
Este relato bíblico puede ayudarnos a la toma de decisiones en cualquier momento de nuestra vida, ya que siempre hay situaciones en que hay que tomar decisiones en forma inevitable. Ya no es posible permanecer en la duda o ser impasible ante los hechos cotidianos. En muchos casos se hace necesario elegir por un camino y muchas veces no sabemos cuál seguir. Aquí Jesús nos advierte cuál camino es el que debemos seguir para alcanzar la felicidad y gozar de una vida plena.
Una de las mejores lecciones que todos los grandes personajes de la historia nos dan, es la de enfrentar a sus contemporáneos con decisiones ineludibles. Por ejemplo: Moisés, cuando se aproximaba el fin de su vida habló a su pueblo y les dijo: "Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal,…escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia,…” (Deuteronomio 30:15-20). Josué, estando a punto de transferir el mando de su pueblo, al final de su vida, los enfrentó con la misma decisión: “Escogeos hoy a quién sirváis” (Josué 24:15). Finalmente, Jeremías escuchó la voz de Dios que le decía: “Y a este pueblo dirás: ‘Así ha dicho Jehová: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte” (Jeremías 21:8).
Es este tipo de decisiones que Jesús pone delante de nosotros en este pasaje bíblico. Indica que hay un camino ancho y fácil de transitar, y que muchos eligen; pero el final de los que andan por él es la ruina. Pero, hay otro camino estrecho y difícil, y muy poco transitado; pero el final de éste es la vida plena.
Cierto discípulo de Sócrates, Cebes, escribió en su obra Tábula: “¿Ves una puertecita y enfrente un camino no muy transitado, pues los viajeros son pocos? Ese es el camino que conduce a la verdadera instrucción”.
Examinemos por un momento cuál es la diferencia entre esos dos caminos:
a) Es la diferencia entre lo fácil y el esfuerzo.- Nunca hay vías fáciles que conduzcan a la grandeza; ésta siempre es producto del esfuerzo. Mientras unos están jugando, otros descansando o durmiendo, hay otros que están invariablemente trabajando silenciosamente de manera cotidiana. Muchos quieren las cosas a la mano o esperan recibir algún beneficio sin poner nada de su parte. En la iglesia esta misma situación se da, la diaconía no funciona como ministerio cristiano. La gente se queja de sus problemas y necesidades, pero muy poco se busca las soluciones, se está a la espera del otro. Bien sabemos, los que estamos en la lucha diaria en vencer las adversidades, que nunca ha habido otro camino que condujera a la grandeza y a la prosperidad que no sea el camino del trabajo, del esfuerzo, y que cualquier cosa que prometa ser un atajo no es más que un espejismo y una trampa. Dios nos da recursos y talentos para utilizarlos y no tenerlos guardados. Él espera que los utilicemos dichos dones para nuestro propio beneficio y también para el bien común. Hoy en día lograr algo, inclusive los objetivos y metas, se necesita mucho esfuerzo y sacrificio. Nada cae del cielo sin el esfuerzo propio. No se cosecha nada si es que no se ha sembrado antes y se ha cuidado pacientemente la semilla.
b) Es la diferencia entre el camino largo y el camino corto.- Es muy raro que algo sea perfecto sin que haya costado un gran esfuerzo. El éxito, por lo general es producto de mucho tiempo dedicado al trabajo y a la continua atención de los detalles. Nadie ha llegado a producir una obra maestra tomando un atajo. En este mundo, constantemente se nos ofrecen atajos con la promesa de resultados inmediatos. Las cosas de valor duradero nunca se producen instantáneamente. De ahí que Jesús nos menciona el camino estrecho, que representa el sacrificio. Cuánta gente prefiere transitar por caminos fáciles y equivocados, pensando en conseguir las cosas en forma fácil y de inmediato. Se prefieren los atajos y no las rutas establecidas. Un ejemplo de este mal lo podemos ver diariamente en el cruce de las avenidas principales, donde para seguridad de los peatones, se han colocado puentes peatonales. Y ¿qué es lo que sucede? La mayoría de las personas prefieren cruzar la avenida exponiendo su vida en riesgo. ¿Y el puente? En la iglesia suele suceder también, cuando se prefiere utilizar atajos en el cumplimiento de la Misión y no lo que señala la Escritura o la norma establecida. Muchos errores se han cometido por querer hacer las cosas sin considerar lo que el Señor nos dice. Por eso, Jesús nos advierte a no tomar atajos equivocados, sino a caminar por el verdadero camino. De alguna manera Él dijo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…” (Juan 14:6).
c) Es la diferencia entre la disciplina y la indisciplina.- Muchos hoy en día consideran que la disciplina es una atadura que corta la libertad de las personas, la consideran como una esclavitud. Pero bien sabemos, que nada se ha logrado jamás sin una estricta disciplina. Por ejemplo, muchos atletas y otras personas han arruinado sus posibilidades de éxito por abandonar la disciplina y permitirse una vida descuidada. Jesús mismo en todo su ministerio dio ejemplo de una vida disciplinada. Nada estaba al azar. Todo estaba ya previsto y organizado. Aún Wesley nos dejó un testimonio de vida disciplinada en el trabajo, de ahí el apodo de “metodista” por su vida metódica. Hacer las cosas en forma improvisada o a última hora, es señal de mediocridad. En la Biblia encontramos muchos casos de disciplina. Uno de ellos es el que menciona el apóstol Pablo en su carta a los Hebreos:” Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11). Cuántas cosas se han hecho sin tener en cuenta este aspecto y hoy podemos ver los resultados desastrosos por no hacer las cosas en forma disciplinada. Aún en la vida personal, mucha gente ha hecho muchas cosas, pero muchas de ellas sin objetivos y sin ningún sentido real. Proyectos fracasados en el camino, matrimonios destruidos por la improvisación en la búsqueda de la pareja idónea, carreras paralizadas en la mitad del camino por no encontrar un objetivo validero, etc. Dios es un Dios de orden y no de desorden, solemos escuchar constantemente entre la congregación, pero muchas veces esas mismas voces ardan en desorden. No es fácil vivir una vida disciplinada, pero Jesús nos reta a vivirla ya.
d) Es la diferencia entre el trabajo reflexivo y la irreflexión.- Cuando uno se pregunta por qué suceden los problemas en la sociedad o entre las personas, uno puede darse cuenta que el problema es la irreflexión. Aquí está el centro del problema. Realizar las cosas de una manera irreflexiva conlleva a cometer torpezas y hasta llegar a ser un insensato. Se prefiere hacer las cosas como vengan sin detenerse a reflexionar sobre su conveniencia. Muchas veces se suelta la lengua sin pensar, se lanzan rumores sin reflexionar en las consecuencias, se tiene estereotipos de las personas y se le juzga por ello. Otro problema que podemos encontrar es cuando se lanzan teorías o doctrinas sin el rigor de la experiencia. De ahí que surgen teologías o doctrinas fofas, carentes de veracidad. Mucho daño ha hecho en el seno de la iglesia este tipo de actitudes. Es hora de cortar este tipo de cosas. Nadie puede decir cosas sin antes haberlas sopesado o examinado a la luz de las Escrituras. Estoy seguro que nadie elegiría el camino fácil, corto e indisciplinado sin antes reflexionar sobre el asunto. El camino fácil podrá parecer muy atractivo y tentador en el momento frente al otro camino difícil y poco tractivo. Es la alternativa entre lo inmediato y lo trascendente. Jesús hizo una comparación entre una persona sensata y otra insensato en la metáfora de los dos cimientos (Mateo 7:24-27).
De ahí que el Señor ha de premiar al esforzado y no al que no es capaz de luchar y salir delante de cualquier situación difícil. El premio es para aquél que viniendo desde atrás, se esfuerza y llega a ser el primero; y los que se consideran privilegiados, los que se duermen en sus laureles, o creen que todo está a su alcance sin ningún esfuerzo, quedarán relegados en esta carrera.
Que el Señor nos encuentre siempre transitando por la puerta estrecha, por los caminos difíciles y en la tarea responsable, dando testimonio de Su gran amor. Amén.
LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL CRISTIANO
(Mateo 25:31-46)
Jesús pronuncia estas últimas palabras acerca de su venida, antes de ser entregado por uno de sus discípulos, Judas Iscariote, para ser crucificado en la cruz. Son palabras de sabiduría y de enseñanza para la iglesia hoy.
Anteriormente, Jesús ha estado explicando todo lo referente al reino de Dios y de cómo será su regreso glorioso; ahora en este capítulo 25 del evangelio de Mateo, especialmente en los versículos 14-30 y 31-46, hace referencia sobre la responsabilidad del creyente en lo referente a os bienes (talentos) y con los pobres (prójimo). Sin duda que todo esto tiene que ver con el juicio que el Señor hará a todas las naciones.
Para aquellos que aún no saben en qué términos se realizará el juicio escatológico, Jesús explica que el juicio se hará en relación con nuestra responsabilidad con el prójimo, en particular con los pobres. No es en función de cuánta fe tenemos, sino cómo hemos puesto en práctica nuestra fe en Dios. Lamentablemente algunos creyentes olvidan este detalle y se dedican a practicar su fe en forma individualista, sin ningún amor por el prójimo; es decir, insensibles al dolor y a la tragedia humana.
Es importante tener en cuenta que Mateo destaca desde el inicio del Sermón del Monte, la preferencia de Jesús por los pobres y ahora los vuelve a mencionar al final de su discurso escatológico. Es el mismo Jesús, el juez del universo, quien ha de hacer el juicio final. Su mensaje de las buenas nuevas a los pobres es tomado en cuenta otra vez en este capítulo. ¡Felices los pobres y los mansos, porque de ellos es el reino! Pero, ¡benditos de verdad los que se ocupan de hacer realidad la dicha del pobre, los que siembran el amor hacia los otros, los que buscan siempre el bien y ayudan a Jesús que sufre por sus hermanos los pobres!
Los versículos 32 y 33 nos grafican cómo se ha de realizar el juicio final, todas las naciones del mundo, sin ninguna excepción, serán reunidas ante el Señor Jesús; en ese momento Él apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Las ovejas irán a su derecha y los cabritos a su izquierda. Aquí Jesús está tomando en cuenta la profecía de Ezequiel (Ez. 34:17-20). Aunque muchos no lo crean, este juicio se hará en función del amor practicado por aquellos que son sus discípulos a favor de aquellos que no tienen nada para vivir o disfrutar la vida. Jesús ejemplo ha dado sobre la práctica de a fe y del amor en todo su ministerio terrenal, no sólo palabras sino hechos concretos de amor. La condena no es porque no se tiene fe, sino porque esa fe no ha sido puesta en práctica. En otras palabras, es por el desamor hacia los pobres que necesitan de nosotros y que no son atendidos. De ahí que estas palabras están dirigidas a nosotros los cristianos, no pretende enseñar a los gentiles o paganos, porque ellos no le conocen y no tienen ninguna responsabilidad de practicar el amor de Dios. Esta enseñanza se convierte en el paradigma y sentido de la misión de la Iglesia. La iglesia no es el pueblo de Dios que vive para sí mismo las bendiciones del Señor, sino que se convierte en un instrumento de bendición para los más necesitados. Esto obliga a la Iglesia a negarse a sí misma y darse a los demás, porque las bendiciones recibidas son muchas.
A la luz de este pasaje bíblico es bueno preguntarnos: ¿Qué estamos dando a los que necesitan? ¿Se vacía la iglesia de sí misma al entregarse a los que tienen hambre y sed de justicia, de verdad, la necesidad de una vida plena, de gracia?. Jesús se encuentra en cada en cada uno de los que buscan, aguardan y lloran. Quienes ayudan a los hermanos más pequeños son los benditos del Señor que han de heredar el reino de Dios. Se hereda este Reino trabajando por los pequeños, los pobres, los hermanos de Jesús. ¡Esta es la manera de esperar la venida del Señor! ¡No hay otra!.
Si la Iglesia Metodista está involucrada en el servicio social, es por su obediencia a este mandato del Señor Jesús. Siente que es su responsabilidad social con el que no tiene, el pobre; es su compromiso con Cristo, no con los hombres ni con doctrinas. Juan Wesley asumió este compromiso en toda su tarea evangelística y misionera; nuestros primeros hermanos metodistas fueron consecuentes con su fe. La Iglesia Metodista ha reafirmado su vocación de servicio con el prójimo a través de la declaración del Credo Social.
El otro lado de la moneda, está en aquellos que no acatan este mandamiento, desprecian a los hermanos más pequeños, se enorgullecen de lo que tienen y no comparten, son indiferentes al sufrimiento humano; todos ellos han rechazado a Cristo, han despreciado el Reino, por lo tanto, son los malditos que han de ir al fuego eterno “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat. 25:42-46). Esta es la tragedia de aquellos creyentes que se negaron a compartir el amor, las bendiciones del Señor. ¿Cuál será nuestra condición delante del Señor en este momento? ¿Cómo estamos esperando la segunda venida de Cristo? Que el Señor nos encuentre preparados y sirviendo en todo momento y lugar. Amén.
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